La Okenita
La Okenita es un cristal que pertenece a la clase de los silicatos y procede de Khandivali – Poona – Bombay, estado de Maharashtra (India).
Se la encuentra en agregados esferoidales aciculares, (estrechos, alargados y puntiagudos), como forma típica del mineral que destacan por su apariencia algodonosa o de pelusa debido a sus innumerables acículas (pelitos de cristal) muy flexibles y blandas al tacto que la hacen inconfundible.
Mineral de terrenos volcánicos en los que rellena cavidades de rocas basálticas junto a distintos minerales con los que configura asociaciones propias del ambiente de formación que destacan por sus variados aspectos.
Son típicas las combinaciones girolita-okenita que pueden aparecer junto a otros silicatos como: apofilita, estilbita, laumontita, heulandita, prehnita. También con óxidos como la calcedonia y con carbonatos como la calcita.
Su color más común es el blanco aunque puede tener otras coloraciones menos frecuentes.
Sus características son:
Sistema: Triclínico
Dureza: 5 (escala de Mohs)
Brillo: Vítreo a mate
Transparencia: Transparente a translúcido
Tenacidad: Frágil
Origen: Hidrotermal en cavidades de basalto
Yacimientos: Khandavali (Poona - India) – Isla de Disko (Groenlandia) – Islas Feroe (Noruega) – Isla de Mull (Escocia) – Bramburg (Alemania) – Asbestos (Quebec – Canadá)
A pesar de haber estado en Poona (India) en los años 1999/2000 no traje de allí ninguna okenita.
Tiempo después llegó a mis manos como regalo de unos queridos amigos mi Okenita de Poona.
La Okenita trabaja en el cuerpo espiritual, en la conexión con el alma. Es por eso que funciona muy bien en la meditación.
A medida que vamos transitando distintas espirales en nuestro crecimiento, encontramos situaciones complicadas que son partes nuestras que vuelven para que las liberemos, aceptemos y/o transmutemos.
Los tiempos se han acelerado, por ende los temas de la realidad con las que nos enfrentamos requieren de soluciones rápidas, de un cambio radical, y cuando podemos hacerlo transformamos al mundo.
La Okenita aporta la conexión con nuestra alma, nos permite estar preparados para lo nuevo con un corazón abierto, listo para recibir lo que nos esté llegando.
El Cristal de Okenita, es fino y delicado como un cabello, pero al mismo tiempo no se rompe, es flexible. Por lo tanto este cristal nos enseña la difícil tarea de dejar de controlar. Nos enseña a soltar las emociones y nos muestra que si nos sentimos con emociones encontradas, la única forma de encausarlas es no reprimirlas.
Cuando trascendemos las barreras del ego, sentimos que somos una unidad.
A medida que tomamos conciencia de este sentido de la unidad, vamos recuperando nuestra esencia divina.
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